En éstos días de Fiestas Patrias, nos fuimos cuatro amigas a la casa de una de ellas en Rancagua. Y lo pasamos espectaculaaaaaar.
Y entre las miles de cosas que hicimos, se vieron marcadas por varias canciones que escuchábamos de discos que tenía de esa época llamada ADOLESCENCIA. Etapa en la que todo lo que vivimos es con una intensidad muy fuerte y particular. Y la música muchas veces juega un papel bien especial y escucharlas nos recuerdan cientos de panoramas, decepciones, alegrías, los primeros carretes, el primer niño que te gustó, alguna lesera que hayas hecho, planes, idas al cine y eternos paseos por el mall solo para ''taquillar'', piyama party, etc.
Converse, pantalones anchos, frenillos, peinados y poleras que hasta el día de hoy vemos y pensamos ''Chuta...cómo mi mamá me dejaba salir así''.
Bueno...eeeh...eran modas!
Si estuve desaparecida por mucho tiempo, fue porque me fui a misiones a Salamanca. Un pueblito ubicado en la IVta región de Chile en el Valle del Choapa.
Creo que ahí viví una de las mejores experiencias que me han tocado en la vida.
Ya me he ido antes a misiones y ninguna se puede comparar a la otra. Por mucho que se siga una misma línea de actividades e idas a misionar, la gente a la que se llega y con la que se convive y todo el crecimiento personal, son diferentes.
Volví hace unos cuatro días pero extraño demasiado muchas cosas.
Se viven momentos que son algo complicados de explicar. Hay mucha alegría, harto cansancio, a veces problemas y emociones fuertes. Tanto dentro como fuera del grupo misionero.
La gente a la que se llega a las casas no tienen idea de quienes somos nosotros. Solamente que somos misioneros católicos. A ojos cerrados te hacen pasar a sus casas y se comienza a hablar de la vida, de quienes conforman su familia, qué hacen y en fin, comienzan a salir una cantidad de temas inagotables. Se llega a tal punto en que comienzan a depositar una confianza inimaginable en uno. Te cuentan sus penas, sus problemas, sus alegrías, sus esperanzas y sus fracasos. Historias que se guardan para siempre y que te marcan. Es ahí cuando empezamos a hablar de Dios. De darles ese apoyo y fuerza. De animarlos. De felicitarlos, de darles alegría. Acompañarlos.
Esa familia o persona que has visitado, te toca y ya no puedes dejar de visitarla. Te preocupas por ella y todos los días la vas a ver aunque sea un ratito para poder llegar a otras casas. A veces no importa si nos quedamos muchas horas en una casa y solo alcanzamos a visitar esa. A veces eso es lo que corresponde porque te necesitan, y tú has llegado a escucharlos, a contenerlos. Esa ha sido tu tarea. A veces es tal el lazo que se forma, que es muy triste el día en que uno se despide de las familias a las que se visitó.
Las palabras salen de la boca como si alguien las hubiese puesto. Y así es en verdad. Alguien más poderoso y fuerte que nosotros lo ha hecho.
Aparte, se realizan talleres para niños, jóvenes y adultos. Cada uno con una temática diferente dependiendo de la edad.
Este año me tocó estar en el taller de niños y fue algo que me llenó demasiado. El cariño de ellos es algo muy gratificante. Te reciben muy alegres, ansiosos y se abalanzan encima para saludarte. Juegan contigo a tal punto de convertirte en uno más de ellos. Al despedirse, te dan besos algo baboseados, un abrazo muy apretado y esperan verte al otro día.
Si se termina cansado, es un cansancio muy gratificante. De satisfacción. De alegría.
También se divide al grupo misionero en comunidades. Tuve la suerte de estar en una comunidad que debía caminar bastante todos los días (aprox unas dos horas en total diarias). Porque ahí nos conocimos más que nunca. Éramos dos comunidades que día a día (dos veces al día) se enfilaba a Santa Rosa, dos comunidades que terminaron por convertirse en una sola. Y en la que se compartieron risas, bromas, secretos, y mucho más. Un privilegio que puede costar entenderlo. Porque sí, no era de lo más agradable caminar a las horas de más calor. Pero todo eso se olvidaba pues la conversación aceleraba el paso sin que nadie se diese cuenta. Al devolverse para almorzar, todos estábamos con el corazón infladito y las anécdotas hacían que todo pasara a segundo plano.
Bueno, esta canción me hace sentido por dos cosas.
Uno, la escuché por primera vez es una comunidad de servicio, es decir, cuando te toca ayudar en la cocina para preparar el desayuno, almuerzo y comida. Cuando te toca ordenar el lugar donde alojan todos. Solo por ese día no se sale a misionar.
Dos, su letra algo me recuerda a esa sensación de estar viajando en el bus hacia Salamanca el día en que partimos. Un lugar del que apenas tenía referencias más que las descripciones en Internet y a algunas cosas que me contó mi abuelo (que pocos días antes de partir, supe que ahí vivió cuando era chico). Ver una cantidad de caras que en un principio eran completamente desconocidas, pero que más tarde se convirtieron en grandes amistades.
Una sensación de incertidumbre porque no sabías que te esperaba para los próximos diez días.
Hoy puedo decir que han sido los mejores 10 días en lo que va del año.
Tengo unas ganas tremendas de volver el año que viene y me cuesta pensar que falta UN AÑO. Me cuesta pensar que es medio difícil volver porque la universidad me exige realizar la práctica. Me da pena y no sé si quiero pensar mucho en eso.
Foto: Henry C. Boys L.
Pero estoy contenta porque tuve la oportunidad de ir, de conocer gente maravillosa. De llegar a la casa de personas que terminaron por enseñarme muchísimo. De conocer un lugar que me dejó embobada y al que volvería sin pensarlo dos veces.
Director: Richard Linklater Año: 1995 Ethan Hawke, Julie Delpy
¿Alguna vez han compartido un viaje, por muy corto o largo que sea, con algún desconocido?
Celine y Jesse viajan en el mismo tren. Ella es francesa y está de regreso a su país luego de haber visitado a su abuela. El, estuvo en España y también está viajando de regreso hacia su país.
Ambos, casualmente, se ponen a conversar. Los dos conversan de varios temas tan normales como hacia donde va cada uno, que hacen, de donde venían, etc. Congenian en cosa de minutos.
Que entretenido es comprartir el camino con alguien que no conoces, pero que conversando te das cuenta de que tienen la capacidad de hablar de lo que sea y por varios minutos sin aburrirte. Son esas compañías muy circunstanciales en tu camino, pero que marcan una diferencia, pueden hasta marcar tu día. Probablementeno sepas como se llama esa persona ni que hace, pero si sabes que había mucho en común entre tu y esa persona.
Llega el momento en que Jesse debe bajarse del tren. Tiene que hacer escala en Viena ya que su vuelo sale temprano al día siguiente. Jesse en un ataque de locura, le propone a Celine que se baje con el para seguir conversando. A ella, que debe llegar a Francia y están recién en Viena. La mejor locura de todas.
Celine duda un poco pero accede. Los dos recorren Viena durante un día completo. Visitan parques, bares, bailan, conversan y poco a poco se dan cuenta de que se atraen muchísimo.
Todo se ve perfecto, pero no todo lo es tan así entonces, ¿cuál es el problema? Al día siguiente los dos deben volver cada uno a su vida. Por lo mismo, aprovechan al máximo cada momento y es como si tratasen de guardar en su mente cada cosa que hacen, cada visita a un lugar distinto...
Es una buena película, entretenida y para pasar el rato. El ingenio es el que marca toda esta historia.